viernes, 23 de noviembre de 2012

Se va a acabar…se va a acabar


Por José Sánchez. La burocracia sindical…,coreábamos por los tempranos setentas.

Estamos en un cambio de época, pero el pasado tiene lastres tremendos.

Los actores del actual combate político reconocen una complejidad difícil.

El Kirchnerismo ha puesto en cuestión el poder. 

Así como lo hizo el peronismo entre 1944 y 1955.

No otra es la razón de las tensiones y rupturas en la estructura socio-política y en las relaciones interpersonales.
Similares procesos están en curso en Venezuela, Ecuador y Bolivia y en un cierto tono menor en Brasil y Uruguay.

La cuestión del combate contra el monopolio de Clarín, convertido en cabeza del variopinto arco de los sectores, que con mayor o menor enjundia se oponen al proyecto nacional, popular y democrático, es, aquí y ahora, el núcleo de la batalla política por el poder.

Ha recurrido, y recurrirá, a todos los medios e instrumentos que se le ocurran.

Sin tregua, sin pausa, sin límites.

El paro convocado para el 20 de noviembre, si bien es probable que no fuera organizado en sus detalles por el grupo clarín, los cacerolos del día 8, los cortes misteriosamente arbolados, y otras tretas y zancadillas varias, responden a esa cuestión central.

A esa misma cuestión remiten hasta los más nimios incidentes que provean elementos para la estrategia principal del grupo: El fogoneo y sostenimiento de un alto grado de malestar social. 

A pesar de sus múltiples recursos, no les resulta fácil.  El diagnóstico erróneo acerca del imaginario social, y las desmesuras que muchos de sus seguidores perpetran limitan, y mucho, su eficacia.

La presidenta ha dado un paso (o dos) más allá del alcance de la conducción política marcado por Néstor Kirchner en su ya célebre mail a José Pablo Feinmann.

Y eso incluye la difícil relación con las burocracias sindicales, tanto las indignidas y ofendidas, como las supuestamente propias.

En el ámbito de la representación gremial de los trabajadores, sólo puede contar con la CTA alineada con Yaski.

Por el grado de stress que se observa claramente en las evoluciones y volteretas del clarinete, la táctica empleada por nuestra conducción, que incluye prudencia y pie de plomo para evitar caer en  groseras provocaciones, se ha revelado acertada y eficaz.

Malabares judiciales aparte, después del 7 de Diciembre, se pondrá en juego la segunda fase de esta etapa.
Es probable que recuperemos la presencia masiva en las plazas y calles, y que esto se produzca con relativa frecuencia.

Las burocracias sindicales todavía no se acabaron, tal como proclamábamos en los 70.

Están ahí, tironeando para no ser sobrepasadas por la Historia.

 Resistiendo.

 Jodiendo. 

Pegados a sus respectivas fotos corporativas, negándose a ver la película, y, lo que es peor, no entendiendo y/o no queriendo entender ni participar. Al menos en un importante porcentaje.
Como dijo Cristina, cuando las papas queman, el que se queda sin laburo es el trabajador, el sindicalista sigue siendo sindicalista de por vida. 

Los cambios y transformaciones en el concepto mismo del trabajo, que se han producido inevitablemente en las últimas décadas, ente otras causas por la revolución informática, desembocarán inevitablemente en las estructuras y modos organizativos de las representaciones gremiales. Mientras tanto, ESTO ES LO QUE HAY.

En concreto, cuál es la dimensión del verdadero poder político de estos burócratas auto-referenciales y auto-perpetuantes ?

Dado el cariz que va tomando esta fase de desarrollo del combate del proyecto nacional popular y democrático, lo sabremos a ciencia cierta en el corto y mediano plazo.

Así como también sabremos que queda de y para donde va el PJ, o más bien dicho “ los PJ”, ya que no se trata de un colectivo “unido y organizado”.

Firmes en la militancia y en la micro-militancia, serenos, alegres y confiados, lo que no implica ser bobos y acríticos, daremos esta y otras batallas.

La Patria está de pié, vivita y peleando, a pesar de todo.

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